Me llamo Miguel Risueño y soy farmacéutico. miBoticario no salió de una sala de reuniones: salió de una libreta de tapas blandas que vivía junto a la caja de una farmacia.
[DATO: tu relación con la farmacia en una frase. Por ejemplo: «es la farmacia de mi familia y llevo años echando una mano en el mostrador».] Este artículo cuenta por qué decidí cambiar esa libreta por una app, qué hice mal al principio y qué he aprendido por el camino. Si llevas una farmacia, es probable que te suene casi todo.
La libreta
En la libreta apuntábamos dos cosas muy distintas. Por un lado, los encargos: el champú que no teníamos, las medias de compresión de una talla concreta, la crema que alguien vio en la tele. Por otro, las recetas pendientes: la medicación que le dábamos a un paciente crónico porque su receta electrónica todavía no se podía dispensar.
Cada uno apuntaba a su manera. Unos ponían el teléfono, otros solo el nombre. Algunos tachaban lo que llegaba y otros lo rodeaban con un círculo. Y había pósits pegados en la pantalla del ordenador para lo urgente. [DATO: cuántos encargos y recetas pendientes llevabais a la semana, aproximadamente.]
Funcionaba, más o menos, hasta que fallaba. Y fallaba siempre por los mismos sitios:
- Un encargo se apuntaba, pero nadie lo pedía, porque quien lo apuntó salía de turno.
- Llegaba el pedido, se guardaba en un cajón y nadie avisaba al cliente.
- El cliente llamaba para preguntar y nadie sabía si había llegado ni dónde estaba.
- Una receta pendiente se quedaba en la libreta durante semanas, la receta salía y nadie la dispensaba.
El día que lo vi claro
[DATO: la anécdota real que te hizo decidirte. Por ejemplo: una receta pendiente que no se recuperó y lo que costó, o un cliente de toda la vida que se fue porque su encargo se olvidó.]
Lo que me molestó no fue perder ese dinero una vez. Fue darme cuenta de que no tenía ni idea de cuántas veces había pasado antes. Lo que se olvida no deja rastro: nadie apunta en la libreta «este encargo no lo pedimos». Por eso parece que no pasa.
Lo que se olvida no deja rastro. Por eso parece que no pasa.
Lo que busqué y no encontré
Lo primero que hice fue mirar si el programa de gestión de la farmacia podía hacerlo. Tenía un apartado de encargos, pero [DATO: por qué no os servía. Por ejemplo: solo lo veía quien estaba en ese ordenador, no avisaba al cliente y no llevaba las recetas pendientes.]
Luego busqué una herramienta pensada para esto: algo que llevara a la vez los encargos y las recetas pendientes, que viera todo el equipo y que avisara al cliente sin tener que llamar. Encontré hojas de cálculo, aplicaciones genéricas de tareas y programas para tiendas. Ninguno entendía qué es una receta pendiente ni qué es una TSI.
Cómo lo construí
Así que lo diseñé yo, desde el mostrador y con el equipo de la farmacia. Me puse unas reglas que siguen siendo las mismas:
- Apuntar tiene que costar segundos. Si es más lento que la libreta, nadie lo usa en hora punta.
- Nada de cambiar de programa. miBoticario se abre en el navegador, al lado del programa de gestión de siempre, sin instalar nada.
- Cada cosa con su estado y su color. Un encargo está por pedir, pedido, recibido o entregado. Una receta pendiente puede estar sin hacer por el médico, con fecha o ya disponible.
- El aviso, ya escrito. Se abre el WhatsApp del cliente con el mensaje que toca y solo hay que enviarlo.
- Nada se borra. Los encargos se cancelan y las recetas pendientes se anulan, siempre con motivo, y queda apuntado quién hizo cada cosa.
Desde mayo de 2026 esa farmacia trabaja con miBoticario todos los días. [DATO: qué notasteis las primeras semanas. Por ejemplo: menos llamadas de «¿ha llegado lo mío?» o recetas pendientes antiguas que aparecieron al pasar la libreta.]
Lo que salió mal al principio
No todo funcionó a la primera, y creo que es justo contarlo.
- [DATO: primer error real. Por ejemplo: una pantalla con demasiados campos que el equipo se saltaba.]
- [DATO: segundo error real. Por ejemplo: un estado que sobraba o un aviso que llegaba demasiado pronto.]
- [DATO: tercero, si lo hay. Por ejemplo: el doble registro con el programa de gestión los primeros días.]
Cada uno de esos errores lo vio primero el equipo del mostrador, no yo. Esa es la ventaja de construir algo dentro de una farmacia real: los fallos aparecen el mismo día, con nombre y apellidos.
Lo que he aprendido
Después de estos meses, me quedo con tres ideas:
- El dinero está en las recetas pendientes. Ordenar los encargos se agradece, pero una receta pendiente sin recuperar es dinero que ya ha salido de la farmacia. Es lo primero que mira un titular.
- Lo que no avisa solo, se olvida. Una lista que hay que acordarse de revisar acaba siendo otra libreta. Los avisos de «lleva tres días sin recoger» son los que de verdad cambian el día a día.
- El equipo manda. Si el técnico de la tarde no lo entiende en dos minutos, no sirve. Cada cambio se prueba primero en el mostrador.
Y ahora, tu farmacia
miBoticario ya funciona en más farmacias además de la farmacia piloto, y cada una me enseña algo nuevo. Si en la tuya los encargos y las recetas pendientes siguen en una libreta, me encantaría enseñártelo con tus propios casos.